Primera carta de Louise a Eliah

por Eliah Smith

Querido Eliah,

He visto tu anuncio en el Evening Standard y me ha impresionado enormemente. No alcanzo a imaginar lo que deber ser padecer una enfermedad como la tuya, sobre la que no se sabe nada y con la que los médicos dan palos de ciego. Me alegro de poder ayudarte de esta manera, contándote lo que pasa ahí fuera.

Es muy posible que ya sepas que el mundo es un lugar duro, lleno de dificultades. Créeme cuando te digo que tú no eres el único que sufre.

Trabajo para una pequeña empresa de tuberías cerca de la estación de Waterloo. Llevo dos años trabajando con ellos, desde que terminé el curso de secretariado. Mi trabajo me resulta terriblemente aburrido, pero con lo que gano ayudo a mis padres en casa, ya que somos cinco hermanos y mi padre gana lo justo trabajando en una acería.

También trato de contribuir con lo que puedo en varios proyectos sociales. Soy voluntaria en un orfanato, donde paso la mayor parte del fin de semana jugando con los peques y organizando actividades para la semana. También ayudo a organizar las comidas y la distribución mensual de las donaciones.

Al ser la mayor tengo que ayudar a mi madre con las tareas de casa después del trabajo, lo cual no me deja tiempo para acudir al orfanato durante la semana. Esto me resulta muy duro y echo mucho de menos a mis niños. Mi padre trabaja muchas horas y necesita airearse en el bar con los amigos al final de la jornada, con lo que pasa el día fuera de casa. Solo quedo yo para echar una mano.  

En el orfanato de St Agustine me han ofrecido trabajo varias veces, pero he tenido que rechazarlo porque el sueldo es muy inferior a lo que gano ahora. Si no lo necesitáramos tanto en casa no lo pensaría dos veces, pero una tiene que hacer sacrificios y no puede eludir las responsabilidades. No hay más que hablar.

Ahora estoy tratando de colaborar de alguna manera con la gente sin hogar. No con ellos directamente, sino con algún grupo de ayuda. Veo todas las mañanas a un vagabundo en la entrada de la estación de Waterloo que me produce una enorme lástima. Tiene un perro precioso y se me parte el corazón verlos ahí, sentados en el suelo, un día tras otro. Tengo que ponerme en contacto con estas asociaciones para ver si puedo hacer algo por ellos. Me han hablado muy bien de “Mindfulness”, un grupo que ayuda a delincuentes y gente sin hogar a reorganizar su vida.  

Esta tarde voy de compras a Oxford Street porque necesito una falda nueva. De vez en cuando me gusta salir a bailar con mis amigas, pero no muy a menudo porque es demasiado gasto. A veces vamos a casa de Laura y organizamos allí nuestra pequeña fiesta, que sale mucho más económico. Ella tiene muchos discos y sus padres salen mucho, así que la casa está siempre vacía los sábados por la tarde.

No sé si me he extendido demasiado en mi primera carta. Espero que me escribas pronto y me cuentes más cosas sobre ti. Cuando te sientas triste, piensa en lo afortunado que eres por tener una familia que cuida de ti y que te quiere. Mis pobres niños no tienen ni siquiera eso, lo más básico para empezar bien en el mundo.

Si quieres que te hable de algo en particular en mi próxima carta solo tienes que pedírmelo.

Un abrazo,

Louise

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