Primera carta

por Eliah Smith

Hola papá,

Después de insistir durante más de dos años, por fin he conseguido que mamá accediera a darme tu dirección. No quería ni concebir la idea de que pudiéramos ponernos en contacto a través del correo, y no porque le preocupase quedar en un segundo plano – ella no tiene celos, al menos no de mí. Lo que le preocupaba era que alguien, después de tantos años, siguiera esperando una prueba y mis cartas se convirtieran precisamente en eso.

Mis cartas – pues espero que esta sea la primera de muchas – serán evidencia silenciosa pero de mi sufrimiento, del hastío que me invade con un escalofrío cada mañana al abrir los ojos, de lo agotado de mi cuerpo y de mi mente y de mi voluntad de hierro que a veces doblega el miedo, pero sobre todo de mi extremo aburrimiento.   

Llevo meses en cama sin fuerzas siquiera para levantarme al baño. Nadie sabe qué es lo que tengo. Los doctores se aventuran y diagnostican esto y lo otro, pero sus tratamientos no me ayudan. Durante años, tras dejar mis estudios, trate de mantenerme físicamente activo. Iba a pasear con mamá por el barrio y disfrutaba del otoño con particular entusiasmo, pero cada vez me costabas más luchar contra este agotamiento permanente que no me deja ni a sol ni a sombra.

Imagino que no debería empezar mis andanzas narrando acontecimientos tristes, pero ya sabes que cuando las cosas van bien apenas tenemos tiempo de acordarnos de quienes nos quieren. ¿Tú me sigues queriendo? Lo dudo, pues no me conoces. Es posible que sigas queriendo a aquel niño de cinco años que dejaste atrás. ¿Alguna vez te has arrepentido de abandonarme? Vuelvo a dudarlo, pues hubieras vuelto a por mí si así fuera. Ahora soy mayor de edad y podrías haber venido a verme. Solo una visita, sin explicaciones. Pero no quiero reprocharte nada. Puedo hacerme a la idea de la desesperación que pudiste sentir para desaparecer de mi vida como lo hiciste.

Me enteré de que volvías a existir una tarde en la que terminaba mis deberes. Leía a mamá una redacción que debía entregar al día siguiente al profesor de literatura.  El tema eras tú – el antiguo tú, el que yo conocí -, decidí escribir sobre lo que supone para un chaval perder a su padre a tan temprana edad y como nada ni nadie vuelve a llenar ese vacío. Las horas que no pasamos jugando, lo que nunca me enseñaste, las veces que no lloré sobre tu hombro después de caerme jugando y las historias que no me leíste antes de ir a dormir. Pero he dicho que esta carta no iba a ser un reproche. El caso es que mamá rompió a llorar y me lo contó todo. Bueno, todo no, sólo me dijo que estabas vivo. Sólo… ¡qué irónico! Yo no podía creerlo, pensaba que mentía. Pero no solo decía la verdad sino que ahora tengo tu dirección.

Durante muchos años pensé que eras la persona más vil que jamás había caminado bajo el sol. Soñaba con encontrarme contigo y darte tu merecido. Te hacía sufrir con mi rechazo. Me suplicabas que te permitiera ser parte de mi vida y yo te lo negaba de manera tajante. También me imaginaba que volvías a casa con solo tú dolor como equipaje, desahuciado, sucio y mojado, mendigando un cariño que nosotros te negábamos, pero de forma muy breve. Después mamá y yo nos escondíamos detrás de los visillos para ver como tratabas de resguardarte de la lluvia. Entonces nos mirábamos y sonreíamos y corríamos hasta la puerta con una toalla en la mano para que te secaras el pelo. Después mamá dejaba de salir con sus novios y sus ridículas amigas y los tres nos aislábamos del mundo jugando en la alfombra de la sala de estar al calor de la chimenea. Era otoño. 

Pero nunca volviste y esas fantasías de amor y odio terminaron no cuando vi que jamás regresarías, sino cuando entendí que aunque lo hicieras sería ya demasiado tarde y la pérdida demasiado grande. Me sentí entonces más vacío que nunca.

Creo que para ser la primera carta es suficiente. Y no he llorado ni de pena ni de rabia. Empieza a dolerme el brazo y me apetece dormir un rato. Tenía pensado ver un programa musical pero no estoy para fiestas. Espero no haberme arruinado el día con esta carta y espero no arruinar el tuyo cuando la leas.

No sé cómo despedirme así que no lo haré. Quizá sepa cómo hacerlo en la siguiente carta.

Eliah

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